En 2022 se produjo el bloqueo del Canal de Suez.
Tenía 10 años cuando vi el canal y me impactó la “herida” provocada por el hombre.
Me 'tranquilizaron' explicándome que se trataba de una importante hazaña de ingeniería para ahorrar combustible para los barcos que, en lugar de circunnavegar África para llegar a Europa, acortaban miles de kilómetros.
La respuesta no satisfizo mi decepción. Pero sólo de adulta comprendí por qué no entendía lo que me habían dicho y por eso decidí que era mi deber cívico y humano creer, crear y promover una economía circular.
¿Has leído alguna vez el libro de Rose George titulado “El noventa por ciento de todo: dentro de la industria invisible que te trae la ropa que usas, la gasolina de tu auto y la comida de tu plato”?
La experiencia de este periodista inglés a bordo de un carguero, como el que está atrapado en el Estrecho, ha sacado a la luz una verdad nunca abordada en los distintos acuerdos internacionales sobre medio ambiente.
El 90% de las mercancías que encontramos en el mercado viajan en barcos de carga que se mueven lentamente gracias a gigantescos motores que contaminan de forma inimaginable.
Pensemos que uno de esos barcos, para transportar mercancías desde China a Italia, contamina tanto como cuatro millones de coches.
Muchas grandes empresas europeas utilizan estos barcos para enviar su materia prima a Asia, para procesarla y luego regresarla y ponerla en el mercado.
¿Y sabéis por qué?
Ciertamente, porque la mano de obra es barata en Asia, pero sobre todo porque el combustible que utilizan los barcos portacontenedores, llamado “bunker oil o sangre impura de la globalización”, es el producto que sobra tras refinar la gasolina, la nafta y el gasóleo.
Es el producto petrolífero más contaminante por la presencia de metales, cenizas y azufre que al quemarse se liberan al medio ambiente.
Los enormes barcos de carga lo utilizan porque cuesta casi nada y les permite garantizar el comercio mundial a costos más bajos y justificar el traslado de mercancías de un continente a otro, sólo para que funcionen.
Hay miles de estos barcos circulando por los mares del planeta.
Intentemos pensar que bastaría con reducir el tráfico naval un 0,35% para obtener el mismo resultado que la conversión global a coches eléctricos en términos de contaminación planetaria.
Y TÚ, ¿qué puedes hacer para boicotear este enfermo sistema de gestión de materias primas y ayudar concretamente a nuestro planeta?
Compre en empresas locales y sostenibles que han hecho de su vida un comercio ético y sostenible para con nuestro planeta.
Si vas a salir a comprar lo necesario para celebrar esta Pascua, ¡PENSAR! Antes de comprar el producto más que en la etiqueta pero materias primas italianas pero ha dado la vuelta al mundo.
Somos consumidores y si dejamos de comprar productos importados que han viajado cientos de miles de kilómetros en un barco o un avión, podemos detener esta masacre.
Nosotros los consumidores somos quienes movemos la oferta y la demanda.
Si NO buscas y compras un producto que viene del otro lado del mundo, ninguna empresa seguirá ofreciéndotelo.
¡Feliz Pascua consciente!
Apoyar la economía circular
Apoye a las pequeñas empresas que mejoran, no destruyen, nuestro planeta.